Por. Vladimir Solano Gómez

El Alcalde de Cúcuta, Jairo Yáñez, a las 11 de la mañana del sábado no tenía Covid-19, según lo informado en las redes sociales institucionales. 13 horas más tarde, a la medianoche, ya tenía el virus, como también lo informaron las cuentas oficiales de la administración municipal.

Entonces: ¿La primera prueba fue errática? ¿Con cuántas está pasando lo mismo en la ciudad? ¿Cuántos casos positivos de Covid-19 están quedando como negativos? ¿Es esta otra confirmación de lo que todos intuimos y tememos: nadie tiene una radiografía real de lo que ocurre en las calles? ¿Las cifras oficiales que nos reportan todos los días intentando ser transparentes, y que estemos tranquilos, son puro cuento?

No sé ustedes, pero al reflexionar sobre la situación, es inevitable pensar que la institución intenta entregarnos verdades a medias. O, en el peor de los casos, que le está quedando grande. Y si esto último es cierto, hay que tener en cuenta que nadie está preparado para pandemias y no hay libros con las pautas infalibles para ejecutar excelentes prácticas frente a virus desconocidos.

Atender la situación en suma se vuelve un ejercicio de improvisación, a la luz de algunas cifras y recomendaciones de profesionales. Creo que en ese sentido, solo hay un culpable: el virus. Ah, y uno que otro dirigente, por falta de proactividad gubernamental.

Retomando el asunto del Alcalde. Primero no tenía Covid-19, cuando no es un secreto que las mejores pruebas y los mejores especialistas en el papel deberían ser los que atienden al mandatario. Sin embargo, 13 horas más tarde dio positivo. Extraño, ¿cierto?

Luego se conoció sobre su contagio a las 12 de la medianoche. No sabemos, puertas afuera de la Alcaldía, si a esa hora se obtuvieron los resultados o si se buscó una hora en la que muchos ya dormían. Si esto último es así, que espero que no, sería poco profesional y ético con los ciudadanos. ¿Volvemos a las verdades a medias?

Con sinceridad, tengo la esperanza puesta en que la institución no intente mostrar solo una parte de la realidad, que bien sabemos en la práctica que en todos los mandatos siempre ha sido así, y en que tampoco nos crean caídos del guamo.

Dejemos, entonces, claro lo siguiente: que el alcalde tenga el virus no es pecado, es un servidor público que, incluso siguiendo protocolos de autocuidado, está expuesto por su oficio y su compromiso con las comunidades.

No hay que intentar tapar o desdibujar la realidad, porque a estas alturas estamos para apoyarnos como cucuteños. Es nuestro deber humano y ciudadano ser solidarios con el primer mandatario, su gabinete, los concejales y todo aquel que tenga el virus. El Covid-19 se constituye en una enfermedad, no es un problema de corrupción ni un delito.